O governo golpista sente a força do movimento popular / El gobierno golpista siente la fuerza del movimiento popular

(A continuación en español) O analista político Emir Sader, apresenta em 247 sua valoração da Greve Geral do 28 de Abril de 2017

Colunista do 247, Emir  é um dos principais sociólogos e cientistas políticos brasileiros

O ensaio foi longo, mas a greve geral saiu e paralisou o Brasil. De norte a sul, em grandes, médias e pequenas cidades, o País parou e saiu para as ruas, para manifestar a defesa dos interesses de todos contra a ofensiva antipopular do governo golpista.

Se jogava com um fracasso da greve geral para seguir adiante com a cassação dos direitos da massa da população, o governo se deu mal. Tinha corrido para aprovar a liquidação da CLT, a terceirização, o fim da previdência pública, para mostrar serviço para o mercado e a mídia, mas se choca com o País real.

Até agora o governo se valeu da grande maioria conservadora no Congresso, como se ela fosse representativa da sociedade, para tocar pra frente seu programa regressivo. Foi acumulando resistências, no movimento popular e na sua própria base de apoio.

Os movimentos populares, por seu lado, foram acumulando forças, até o grande desafio da greve geral. Há quem ache que é a solução definitiva dos conflitos. Não é. Ela é uma grande demonstração de forca e, ao mesmo tempo, um momento de grande tomada de consciência por parte dos trabalhadores do papel de produtores de todas as riquezas que o País possui.

Seu sucesso coloca a luta contra o governo golpista num patamar superior. As condições de rejeição do fim da previdência ja existiam, agora se trata de brecar o fim da CLT no Senado, para assim colocar um limite aos avanços do governo e fazer com que ele perda a iniciativa e passe a temer qualquer nova votação no Congresso.

A luta de classes irrompe de forma direta nos enfrentamentos democráticos entre governo e oposição. Se o governo tenta manter o centro dos embates no Congresso, valendo-se da maioria que ainda detem, os movimentos populares conseguiram fazer intervir as ruas, onde a correlação de forcas lhe é totalmente favorável.

A dinâmica do avanço do pacote de maldades do governo gera, ao mesmo tempo, as resistências populares cada vez mais amplas e, com isso, coloca limites ao pacote. Quanto mais se aproximam as eleições de 2018, mais resistências o governo vai encontrando dentro da sua própria base de apoio no Congresso. Somado às resistências populares, vai se configurando uma tempestade perfeita para o governo, especialmente a partir do segundo semestre deste ano.

A partir da greve o movimento popular precisa  continuar mobilizando a setores cada vez mais amplos da sociedade a partir da consciência de como seus direitos estão sendo atropelados, de como o pais esta’ retrocedendo, de como so pela recuperação da democracia o Brasil pode voltar a crescer e a distribuir renda. Precisa, ao mesmo tempo, aumentar a pressão sobre os parlamentares para impedir a aprovacao do fim da previdencia publica no Congresso, do fim da CLT no Senado.

O movimento popular precisa, ao mesmo tempo, lutar para garantir o direito do Lula ser candidato a presidente, que é a condição de que tenhamos eleições democráticas e recuperação do direito do povo decidir, livremente, pelo voto, os destinos que quer para o pais. Trabalhar para tirar toda capacidade de iniciativa do governo, para que ele veja que qualquer acao dele será rejeitada politicamente, tera’ respostas cada vez mais drásticas e amplas da população.

A greve geral, pelo seu sucesso, e’ um novo marco na luta pela redemocratização do pais e pela obstrução da ação deletéria do governo golpista contra o Brasil. Refuta aqueles que acusam o povo brasileiro de falta de disposição de luta por seus direitos e pelos destinos do pais. Mostra que, mobilizada e conscientizada, a sociedade brasileira é capaz de restaurar a democracia e reconduzir o pais pelos caminhos que foram interrompidos pelo golpe.

Brasil: El gobierno golpista siente la fuerza del movimiento popular

El ensayo fue largo, pero el paro general despuntó y paralizó Brasil. De norte a sur, en las ciudades grandes, medianas y pequeñas, el país se detuvo y salió a la calle para manifestar la defensa de los intereses de todos contra la ofensiva antipopular del gobierno golpista.

Si estaba apostando al fracaso del paro general para seguir adelante con la anulación de los derechos de la mayoría de la población, el gobierno se equivocó.  Se apresuró para aprobar la liquidación del Código de Trabajo (CLT, por sus siglas en portugués), la tercerización, la eliminación de la seguridad social pública, para ponerse al servicio del mercado y los medios de comunicación, pero ahora se choca con el país real.

Hasta ahora el gobierno se apoyó en la mayoría conservadora en el Congreso, como si ella fuese representativa de la sociedad, para llevar adelante su programa regresivo.  Fue acumulando resistencias, en el movimiento popular y en su propia base de apoyo.

Los movimientos populares, por su parte, fueron acumulando fuerzas, hasta el gran reto de la huelga general.  Hay quienes piensan que es la solución definitiva de los conflictos.  No es así.  Es una gran demostración de fuerza y, al mismo tiempo, un momento de gran toma de conciencia por parte de los trabajadores de su papel de productores de toda la riqueza que tiene el país.

Su éxito eleva la lucha contra el gobierno golpista a un nivel superior.  Las condiciones de rechazo a poner fin a la seguridad social ya existían, ahora se trata de frenar la eliminación del CLT en el Senado, con el fin de poner un límite a los avances del Gobierno y hacer que pierda la iniciativa y pase a temer cualquier nueva votación en el Congreso.

La lucha de clases irrumpe directamente en los enfrentamientos democráticos entre gobierno y oposición.  Si el gobierno trata de mantener el centro de los enfrentamientos en el Congreso, valiéndose de la mayoría que todavía detiene, los movimientos populares lograrán ocupar las calles, donde la correlación de fuerzas le es totalmente favorable.

La dinámica de avanzar con el paquete de maldades del gobierno genera, al mismo tiempo, resistencias populares cada vez más amplias y, por lo tanto, pone límites al paquete.  Cuanto más nos acercamos a las elecciones de 2018, el gobierno está encontrando con más resistencias dentro de su propia base de apoyo en el Congreso.  Sumando las resistencias populares, se va configurando una tormenta perfecta para el gobierno, sobre todo a partir del segundo semestre mitad de este año.

Luego del paro general, el movimiento popular precisa seguir movilizando a sectores cada vez más amplios de la sociedad a partir de la conciencia de cómo se está vulnerando sus derechos, de cómo el país está retrocediendo, de cómo Brasil solo con la restauración de la democracia puede volver a crecer y a distribuir el ingreso.  Necesita, al mismo tiempo, aumentar la presión sobre los legisladores para impedir la aprobación de la anulación de la seguridad social pública en el Congreso, de la eliminación del CLT en el Senado.

El movimiento popular necesita, al mismo tiempo, luchar para garantizar el derecho de Lula a ser candidato presidencial, que es la condición para que tengamos elecciones democráticas y de la recuperación del derecho del pueblo a decidir libremente, mediante el voto, sobre los destinos que desea para el país.  Se trata de trabajar para anular toda capacidad de iniciativa del gobierno, para que éste vea que cualquier acción que realice será rechazada políticamente, que tendrá respuestas cada vez más drásticas y amplias de la población.

El paro general, por su éxito, es un nuevo marco en la lucha por la democratización del país y por la obstrucción de la acción mortífera del gobierno golpista contra Brasil.  Refuta a quienes acusan al pueblo brasileño de una falta de voluntad de luchar por sus derechos y por los destinos del país. Muestra que la sociedad brasileña, movilizada y consciente, es capaz de restaurar la democracia y reconducir al país de nuevo por los caminos que fueron interrumpidos por el golpe.

(Traducción ALAI)

Por Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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