Daniel De Santis no Brasil

O militante e escritor argentino Daniel De Santis está realizando uma visita ao Brasil, trocando experiencias,  partilhando sua longa e intensa vivências de organização e luta pelas causas populares com diversos grupos do povo Brasileiro.  No dia 6 irá palestrar no Espaço Cultural Latino-americano.

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Em ocasião do Encontro com Daniel publicamos a seguir dois artigos de sua autoria. Ainda que escritos sobre a situação política da Argentina,  suas reflexões também nos oferecem luz para enxergar e pensar melhor alguns pontos da  conjuntura brasileira.

 

El Frente de Liberación Nacional y Social

DE QUÉ FRENTE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE FRENTE

[Artículo publicado en 2 entregas en mayo y junio de 2016]

Daniel De Santis

  1. Capitalismo dependiente

En todo el territorio argentino se han extendido, desde hace años, las relaciones de producción capitalistas. Pero un capitalismo que ha nacido de la mano del mercado mundial. Vínculo que se consolidó en la era imperialista. Esa dependencia hizo que su desarrollo no respondiera a las necesidades del mercado interno, como en Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos, sino respondiendo a las necesidades del mercado mundial, confiriéndole un carácter deformado y un desarrollo desigual.

Una de cuyas manifestaciones es su industrialización raquítica, caracterizada por la insuficiencia de las ramas más dinámicas, como las de bienes de capital y de conocimiento intensivo, y una limitada investigación científica y tecnológica. Mientras que la producción agropecuaria, liderada por los grandes capitalistas agrarios, que si bien es el sector más eficiente de la economía y, en algunos períodos, fuente de divisas, al no estar estas destinadas al desarrollo integral y armónico de la economía y la sociedad perpetúan la deformación.

Esta base económica ha dado lugar a una estructura social en la que coexiste una clase obrera con bordes bien definidos, pero en la que encontramos desde obreros de la industria modernas con relativos altos salarios, junto a trabajadores de industrias atrasadas y un gran número de trabajadores desocupados, muchos de los cuales integran el amplio sector de los cuenta propistas. Una reducida clase campesina pero una numerosa pequeña burguesía urbana. Dentro de lo que se ha dado en llamar Pymes -pequeñas y medianas empresas- coexisten pequeños productores urbanos y rurales con importantes empresas de capital extranjero y nacional.

Esta estructura social determina que no sólo se manifiesta la explotación de la clase obrera sino que amplios sectores medios se vean perjudicados e impedidos de satisfacer sus necesidades y aspiraciones por el atraso y la dependencia. Por lo que estarían interesados objetivamente en romper la dependencia y marchar junto a los trabajadores asalariados. Es decir, podrían conformar la base social de un proceso entre mezclado de liberación nacional, y de profundas transformaciones sociales, en la perspectiva del socialismo.

Hemos utilizado la expresión, poco ortodoxa, entre mezclado y no ininterrumpido para poner de manifiesto que en lugar de esperar que ese proceso se inicie como una lucha de liberación nacional para elevarse a una por la liberación social, siga otro diverso. En esta concepción pensamos que en épocas de relativa calma en la lucha de clases los aspectos sociales (anti capitalistas) de la misma se presentan en forma más evidente, y en los de agudización de la lucha de clases y ofensiva revolucionaria deberemos prever una mayor injerencia política y militar del imperialismo. En esta fase los aspectos antiimperialistas tomaran más relevancia pero en el que la conciencia y organización de la clase obrera y el pueblo serán más elevados. Pero a lo largo de todo el proceso revolucionario se combinarán dinámicamente ambos aspectos de la lucha y estará en la habilidad de la clase obrera, constituida en partido político, resolver acertadamente las tareas que correspondan a cada etapa de la lucha.

 

  1. El frente estratégico o Frente de Liberación Nacional y Social

Una visión estratégica de la política de alianzas debe apoyarse en la estructura económico-social que brevemente hemos reseñado en el punto anterior. Y, desde allí, formular el instrumento político que incorpore y movilice a las más amplias masas del pueblo trabajador. Visión que facilitará desentrañar los pasos tácticos adecuados para alcanzar los objetivos de más largo plazo.

Dentro de la izquierda existen tres concepciones frentistas, la del frente popular, la del frente de izquierda y la del frente de liberación nacional y social.

La primera presupone que en nuestro país no se han desarrollado suficientemente las relaciones de producción capitalista, y que esa tarea la debe realizar una supuesta burguesía nacional progresista o democrática o anti imperialista. Lo que más se acerca a ello fue el proyecto peronista que tanto en 1955 como en 2015 cayó derrotado porque esa supuesta burguesía progresista abandonó el proceso cuando la acumulación capitalista debía enfrentarse con las limitaciones estructurales del capitalismo argentino. En ninguna de las dos oportunidades la burguesía nacional actuó como se esperaba de acuerdo a la teoría del frente popular. Por lo que es vano el esfuerzo de los intelectuales del nacionalismo popular que aspiran concientizar a la burguesía para que sea progresista.

El frente popular existe y es el kirchnerismo, al cual adhieren casi todas las fracciones del viejo Partido Comunista y otras variantes de la izquierda nacional y popular. Es por eso que el PCR, la versión combativa del PC, en alianza con la Unidad Popular no encuentran espacio político para su llamado al Frente Popular, con el agravante que en muchos aspectos están a la derecha del kirchnerismo.

 El frente de izquierda está representado por el FIT. Desde su constitución en 2011 ha tenido un importante avance en el terreno electoral y, en una primera aproximación, podemos coincidir con casi todos los puntos de su programa. Pero el FIT se reduce a un acuerdo electoral que imposibilita la construcción de organismos de base del Frente. Por su falta de organicidad adquieren mucha gravitación las particularidades de sus fuerzas integrantes, como su matriz economicista, que por momentos lindan el republicanismo. La carencia de una estrategia de poder. No se le puede llamar así a la mera consigna de la huelga general -que agitan sin mayor análisis en cualquier tiempo y lugar- de la que no precisan si se trata de una huelga económica, una huelga política o una huelga revolucionaria, vaciando de contenido una consigna muy importante de la lucha de clases. Esa falta de estrategia deja en la ambigüedad a qué acumulación responde su participación electoral.

En lo ideológico, el FIT se concibe como una unidad clasista (de la clase obrera) que, en los hechos, deja de lado a las clases y capas intermedias de la sociedad. Con el agravante que para ellos la izquierda es solamente la trotskista, ya que en el resto sólo ve “frentepopulismo”, confiriéndole una actitud muchas veces sectaria.

En nuestra concepción frentista, el Frente de Liberación Nacional y Social (FLNS) debe ser una fuerza política y social, constituido por una coalición de clases sociales y de las más diversas organizaciones políticas, sociales y sindicales. Socialmente, integrado por la clase obrera, los trabajadores ocupados y desocupados, la pequeña burguesía urbana y rural (los campesinos y chacareros), los pueblos originarios, las mujeres, que ya están incluidas como trabajadoras pero también se las debe considerar desde una perspectiva de género, los jóvenes y ancianos desde sus problemáticas específicas. Es necesario incluir las cuestiones ambientales y de preservación de la naturaleza, de los bienes culturales, etc. y las más diversos expresiones sociales postergadas y/o segregadas por el capitalismo.

Todos estos sectores e intereses agrupan a la inmensa mayoría de la población. Ellos, potencialmente, constituyen una alianza social de carácter estratégico, que hemos llamado alianza básica o fuerza social revolucionaria, en la lucha por la liberación del imperialismo y en contra de la explotación capitalista. Esta alianza es a la que en la actualidad incluimos bajo la denominación de pueblo. Importante aclaración porque las corrientes populistas y los reformistas incluyen dentro del pueblo a una burguesía nacional y/o democrática opuesta al imperialismo y al gran capital que no existe con esos atributos. Si existe una burguesía media, en su mayoría vinculada al mercado interno, que no aspira a desarrollar la economía sino a encontrar un lugar dentro de la actual estructura signada por la dependencia.

El carácter político del FLNS está bien expuesto en una nota del periódico El Combatiente de 1974: “el Frente toma todos los problemas de las masas, económicos, sociales y políticos, partiendo de la comprensión establecida previamente de que cada uno de esos problemas no son más que manifestaciones parciales de una realidad más general, es decir del régimen capitalista imperialista. Por el contrario, los órganos de masas pueden haber o no arribado a esa conclusión previa. Ellos se ocuparan fundamentalmente de resolver de manera inmediata los problemas parciales que afecten a su sector de clase, y en la lucha cotidiana por esos problemas será precisamente que irán tomando una conciencia más amplia del problema general del capitalismo. En este sentido, se puede afirmar que los órganos de masas constituyen el primer escalón en la organización y desarrollo de la conciencia de las masas. Por eso mismo, los órganos de masas específicos tienen un carácter mucho más amplio y flexible y existe en ellos una variada gama de matices, desde los puramente reivindicativos hasta los más politizados”[1].

Dos cuestiones de central importancia son, la dinámica de las clases que constituirán el Frente y la construcción de sus organizaciones de base. Desde la perspectiva histórica de la clase obrera debemos considerar que “el campesinado pobre, la pequeño-burguesía y otras clases que no tienen proyecto político propio, deben seguir a la clase obrera o a la burguesía, y que si la clase obrera no se preocupa por acercarse a ellas, por ganarlas a la causa de la revolución nacional y social que traerá también la solución de sus problemas, serán indefectiblemente engañadas por la burguesía, influenciadas por ella y lanzadas contra la revolución como fuerza de choque”[2]. De la cita de Santucho emerge una concepción de hegemonía de la clase obrera que es necesario retomar en el sentido que la debe ejercer pedagógicamente, políticamente y no autoritariamente.

Para que el FLNS no sea un puro acuerdo súper estructural, será necesario dotarlo de líneas políticas y formas organizativas, que vayan más allá de la suma de las fuerzas que lo constituyan, con el objetivo de incluir en su seno a los no organizados que son la inmensa mayoría del pueblo. Formas que pasan por organizar o integrar miles de organismos de base, pero también de los más variados tipos y características, que le confieran gran amplitud y mucho dinamismo.

De acuerdo a cómo se presente la forma política de dominación de la burguesía y el imperialismo, el partido de los trabajadores, la fuerza social revolucionaria y el mismo FLNS pueden impulsar alianzas tácticas más amplias y/o conformar frentes más amplios de carácter táctico, e incluso en ciertas coyunturas impulsar la unidad de acción con sectores no revolucionarios y hasta con enemigos del socialismo. Como ejemplo podemos considerar que, si la clase dominante ejercer su poder por medio de una dictadura impulsarán un frente democrático, si el imperialismo adquiere una presencia política y/o militar activa será necesario oponerle un frente antiimperialista, y en otras circunstancias frentes que se adecúen a las mismas. El Frente no es una entidad estática dada de una vez y para siempre, pero en todos los casos se deberá luchar para preservar el liderazgo y hegemonía de la clase obrera y el protagonismo de la fuerza social revolucionaria.

  1. La experiencia del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS)

En la descripción de los aliados estratégicos los partidos el FIT podrían argumentar que ellos proponen una alianza similar. Al respecto, resulta esclarecedor considerar la política de alianzas del PRT, dentro de la cual se inscribe la del Frente Antiimperialista y por el Socialismo entre los años 1973 y 1974.

En la actualidad, el FAS es reivindicado por varias organizaciones de la llamada nueva izquierda, que reconoce como acertada esa política del PRT. Para su estudio es recomendable la investigación realizada por el periódico La Llamarada[3]. Pero también es reivindicado por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y otros grupos del mismo origen. Pero lo hacen tergiversando la historia ya que se atribuyen haberlo impulsado y desconocen que fue el PRT el que tuvo ese protagonismo. Ninguno de esos grupos participó, ni siquiera tangencialmente del FAS. Solamente se acercaron para apoyar las candidaturas de Agustín Tosco presidente y Armando Jaime como vice, propuesta por el PRT en septiembre de 1973.

Para comprender el papel político que jugó y la composición de las fuerzas que lo integraron es necesario repasar la situación política concreta en el período que se fundó. La Dictadura Militar, a partir de abril de 1971, para enfrentar el poderoso auge revolucionario iniciado con el Cordobazo se propuso aislar a la dirección revolucionaria de las masas. Para ello el Dictador Lanusse llamó a un Gran Acuerdo Nacional (GAN), cuyo núcleo era la realización de elecciones nacionales, proceso que para ser exitoso debía incluir al peronismo. Perón aceptó la propuesta pero, aprovechando el auge revolucionario, adoptó un discurso combativo detrás del cual alineó no sólo al peronismo burgués y burocrático, sino también a la mayor parte del peronismo obrero y revolucionario, en partículas a las FAR y a los Montoneros. Las elecciones se realizaron y Perón ganó ampliamente, primero con la candidatura presidencial de Cámpora y luego con la de él mismo. Dejando aclarado que en defensa del sistema capitalista, no deja de ser aleccionadora la pericia política de Perón. Este, al realizar el balance de las elecciones resumió así su táctica: “la primera se la ganamos con los obreros, la segunda con las mujeres (introducción del voto femenino) y la tercera con la juventud”. Si bien el nuevo gobierno no logró neutralizar el auge de masa, por el contrario éste se redobló, en lo inmediato dejó bastante aislada a la izquierda y en particular a la revolucionaria. Fue en esas circunstancias que el PRT se propuso unir a todos los que no habían seguido a Perón, que eran muy pocos. Así nació el FAS, enmarcado en la concepción del FLNS, pero integrado sólo por los sectores más avanzado de la militancia y un sector no despreciable del activo social.

Por ese motivo el PRT lo calificó de embrión del Frente, ya que su concepción era mucho más amplia que el mero frente de la izquierda, y porque tenía un acertado análisis de la situación. Asumido Perón en octubre de 1973, éste profundizó el giro a la derecha iniciado con la Masacre de Ezeiza, el 20 de junio de ese año. Para un sector creciente del activismo y de las masas comenzó a quedar claro que Perón no venía a realizar ninguna revolución, ni social ni nacional. Como respuesta, el PRT directamente e indirectamente por medio del FAS comenzó a llamar a un frente mucho más amplio, que denominó frente antiimperialista democrático y patriótico, que el trotskismo, calificó sin fundamento alguno, como un frente popular.

Uno de los éxitos del FAS fue que hizo fracasar el intento de aislamiento de los revolucionarios. Pero la alianza, que fue correcta y que escribió una brillante página en la historia de la lucha de clases, resultaba estrecha para la nueva coyuntura, y esa estrechez es la que hoy reivindica gran parte de la izquierda.

  1. Un embrión del Frente de Liberación Nacional y Social

Constituidos el FIT por izquierda y el frente popular (kirchnerismo) por derecha, y sin espacio para el denominado frente popular, la tarea táctica es agrupar en una misma propuesta política frentista al conglomerado de fuerzas de la denominada nueva izquierda, del guevarismo, las corrientes sindicales clasistas que se mueven por fuera del FIT, los agrupamientos de la izquierda nacional y popular, y agrupaciones que quizás no se sientan interpeladas por estas denominaciones, pero si parte del espacio. Con mayor o menor precisión, las fuerzas mencionadas están intentando participar en la lucha política electoral, situación propicia para constituirse como Frente y adquirir existencia real. En esa participación aparecen como insoslayables las necesarias personerías electorales que demandaran un importante esfuerzo. La carencia de las mismas convertirían al espacio en un juguete en manos de otros frentes cuyas concepciones divergen de la nuestra. Por lo que el paso inmediato sería constituir “un embrión del Frente de Liberación Nacional y Social”, con su propia identidad política y sus personerías.

Una vez constituido el “embrión”, una posibilidad, entre otras, es impulsar una interna abierta del campo popular entre el FIT, el FLNS y otras fuerzas afines. Las variantes son muchas por lo que sería poco práctico intentar enumerarlas. Las iniciativas frentistas podrán alumbrar una expresión organizada si logramos que primen la amplitud, la tolerancia y la visión del conjunto de la situación.

Más que cerrar la nota con una arenga creemos que es momento de trabajar con ahínco y sistema.

[1] Perspectivas del Frente de Liberación. El Combatiente Nº 103. Miércoles 2 de enero de 1974.

[2] Mario Roberto Santucho. Editorial de El Combatiente Nº 87. Viernes 24 de agosto de 1973.

[3] El Frente Antiimperialista y por el socialismo. Dos partes. La Llamarada Nº 31 y 32 de mayo y junio de 2016.

 

Declaración de la Mesa de Unidad

MIR-P, CPS 29 de Mayo, Juventud Guevarista

12 y 13 de agosto de 2016

En el 80 aniversario de Mario Roberto Santucho y el 90 cumpleaños de Fidel Castro

El siguiente artículo fue presentado en la última reunión de la Mesa de Unidad por el compañero Daniel De Santis y aprobado para su publicación. Las agrupaciones firmantes nos encontramos en un proceso de unidad no cerrado, ya que aspira a que puedan sumarse otras agrupaciones, como así compañeros y compañeras independientes.

BATALLA CULTURAL, RÉGIMEN LABORAL Y FUERZA MILITAR

El diario La Nación ha sido, desde su fundación, el vocero de la oligarquía y del capital más concentrado. Liberales se proclaman, aunque el pueblo los bautizó hace mucho como conservadores. Desde la asunción del actual Gobierno, a esa tradicional posición de poder le suma sentirse protagonista central del mismo. Es así que diariamente le marca la línea a su limitado representante al frente del Poder Ejecutivo.

El martes 19 de julio, en uno de sus editoriales del diario, Julio Rajneri proclamaba “La batalla que debe ganar el capitalismo”.  Con un lenguaje de tono pretendidamente sereno y objetivo comienza adulterando la realidad. Identifica al capitalismo con su versión más crudamente liberal-conservadora, al calificar al Gobierno del primer peronismo como “un régimen que –en cuanto a su avance sobre la propiedad privada- sólo ha sido superado por Castro en Cuba”. Para trasportarse a la actualidad afirmando  que “con Kirchner regresó –el populismo peronista- con ropaje marxista”. Pero lo que más le preocupa a los Mitre y a su clase, es la interpretación que hace Rajneri, del rechazo por parte de los argentinos de la economía de mercado. Nos dice que “según un estudio de una entidad privada de Washington, el país más anticapitalista fue la Argentina”. La intensión de Rajneri, como parte de su lucha contra esa conciencia anti mercado, trabaja para el desprestigio del socialismo al identificarlo con el populismo peronista y no considerar a éste como una de las variantes del capitalismo.

Para ubicar su falsedad, recordemos que los neoliberales calificaban como socialista a John Keynes, una suerte de ministro de economía de Gran Bretaña y directivo de muchas empresas capitalistas, por su política de intervención estatal en la economía. Ésta vino a salvar al capitalismo del hundimiento al que lo estaba llevando la política neoliberal. Pero no sólo estaba hundiendo al capitalismo sino que arrastró a la misma sociedad humana al borde de su desaparición, durante las dos guerras mundiales del siglo pasado con sus 100 millones de muertos, una población 10 veces la de Argentina de aquellos años. Keynes no era socialista sino un ardiente capitalista que le salió al cruce al fracaso de la economía neoliberal y en particular a su incapacidad para contrarrestar la inflación y el desempleo. Esa destrucción de vidas humanas, y el fracaso ante los flagelos del desempleo y la inflación, hay que contabilizarlas en el sistema que La Nación, vía Macri, intentan consolidar en el Gobierno argentino. Los primeros pasos del actual Gobierno lo confirman.

Macri, un neoliberal conservador, creía que con la sola invocación al mercado se resolverían los problemas del capitalismo argentino. La respuesta del mercado fue que la enorme inflación anual del 25 % trepara a cerca del 45 % en sólo 6 meses, que la ya muy alta tasa de desocupación y pobreza se multiplicara por dos; que la mega devaluación del peso no haya servido más que para enriquecer a los banqueros, capitalistas agrarios y exportadores, rebajado el salario a trabajadores activos y jubilados, y que la inflación ya se la haya devorado y estemos a las puertas de una nueva devaluación. La única respuesta para poner en marcha su proyecto económico es el endeudamiento externo. Pero, la lluvia de dólares anunciada no se produjo y difícilmente ocurra. Y, en el poco probable caso de que vengan dólares hacia inversiones productivas sería producto de acrecentar el endeudamiento externo que luego habrá que pagar a altas tasas de interés internacional.

Insisten en la crítica a los gobiernos kirchneristas como una cobertura para embellecer la política de las grandes ganancias capitalistas y el empobrecimiento de la mayoría de la población. Pero vayamos al eje de la cuestión: la riqueza de una sociedad no es infinita sino limitada, por lo que hay que repartirla, y si se pone mucho en un lado queda poco en el otro. Los macristas dicen que para aumentar la riqueza hay que tomar medidas que beneficien a los grandes capitalistas, así ellos al disponer de mucho dinero y capital pueden construir empresas que generen trabajo. ¡Pero esto es falso!

La historia económica argentina ha demostrado una y otra vez que eso no es así. Los capitalistas argentinos al verse liberados de cualquier limitación en el manejo de los capitales han hecho dos cosas: fugar esos dineros al exterior y aumentar sus gastos suntuarios, dedicando sólo una parte menor a la inversión.

La concentración económica y de la tierra en manos privadas es la causa de que Argentina tenga un lento crecimiento de su economía. Y ese raquítico crecimiento ha estado de la mano de la inversión estatal, mucho mayor que la inversión privada. De lo que se trata entonces no es de engordar un estado capitalista bobo (bobo porque funciona en beneficio de los capitalistas, aun el de los gobierno peronistas) sino un estado que administre la riqueza y planifique la inversión en función de los intereses de la inmensa mayoría de la población, que no es otro que el del desarrollo.

Proponemos, cuatro medidas básicas para frenar los gastos suntuarios, la fuga de divisas, la especulación financiera y aumentar la producción: una ley que imponga un mínimo de reinversión de las ganancias obtenidas por los capitalistas; la nacionalización del comercio exterior; la nacionalización de los bancos; y una reforma impositiva por la que tributen el capital, la especulación financiera, los bienes y gastos suntuarios, la tierra ociosa y el juego.

Luego de rebajar los salarios los capitalistas quieren imponer un régimen laboral tipo McDonald

Bajo el título “Un cambio indispensable en las relaciones laborales” un nuevo editorial de La Nación, del martes 26 de julio, sostiene que “Las normas que regulan el trabajo (…) no tienen que desalentar la inversión y la productividad”, y proponen súper flexibilizar la condiciones de trabajo con el mismo argumento con el que bajaron los salarios y aumentaron las tarifas, “la herencia recibida”. Veamos por qué esa reforma laboral, además de injusta, no favorece la inversión.

Reclaman “el aumento del empleo privado” que, como ya vimos, no vendrá de los empresarios capitalistas cualquiera sean las condiciones favorables para el capital. Y, a continuación, sostienen que la solución es “una mejora de la productividad”.

Como se ve, los capitalistas no hablan de aumentar la producción sino la productividad, que es muy distinto: Una mayor producción significa mayor cantidad de bienes, cosa que todos los trabajadores vemos con buenos ojos porque al haber más productos estos serán más baratos. Pero esto, que parece lógico, no es lo que buscan los capitalistas. Productividad significa que haya más productos pero con el mismo  o menor salario. Los capitalistas tienen dos formas de lograrlo: aumentando las horas de la jornada de trabajo o aumentando los ritmos de producción:

La primera es la forma más evidente de la súper explotación.

La segunda tiene dos formas de aplicarse: Una es obligando al trabajador a producir con las mismas herramientas más productos, sean piezas o servicios, para ello obligan a los trabajadores a trabajar más rápido. Otra  forma evidente de súper explotación. También pueden aumentar los ritmos introduciendo tecnología más moderna. Esto agota al trabajador de una forma que no lo nota directamente, sino a través de su sistema nervioso, no sabe porque pero se siente cansado, o más nervioso, le surgen problemas respiratorios, auditivos o síquicos. Como se diría en lenguaje común: la procesión va por dentro.

Esta última forma de explotación es la que ha caracterizado al capitalismo desarrollado de los países como EE UU, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia y algunos países más. Es la forma en que los capitalistas más eficientes absorbieron o se comieron a los menos eficientes, y los países más desarrollados a los más atrasados. En cambio, Argentina es un país netamente capitalista pero de un capitalismo poco eficiente, porque los capitalistas de nuestro país quieren aumentar la productividad alargando la jornada de trabajo y aumentando los ritmos de producción pero sin cambiar de tecnología.

¿Y porque no hacen los mismo que los capitalistas de los países centrales? Hay varias razones. Algunas de ellas son que para tener tecnología avanzada deberían realizar grandes inversiones de capital y no están dispuestos a correr el riesgo de que no les vaya bien.  (Es cierto que invierten en tecnología, pero mucho menos de lo que lo hacen los capitalistas de los países desarrollados, por eso que en la carrera con estos siempre van perdiendo). Otra razón es que el marcado local o interno es chico para una producción en gran escala. Y una tercera, que pensamos decisiva, es que la tasa (porcentaje) de ganancia en las formas de explotación con poca tecnología es mayor que con moderna tecnología. Dicho popularmente ¡Quieren ganar mucho invirtiendo poco! Y lo hacen a costa de negrear a los trabajadores.

Encubriendo sus verdaderos objetivos, utilizan palabras como eficiencia, moderna producción, trabajo de calidad, aumento de salarios por productividad, etc., y sostienen que “ninguno de estos propósitos podrán lograrse sin una reforma del modelo vigente de relaciones laborales en la Argentina”.

Como consigna de campaña se vieron en la necesidad de decir algo verdadero, que “la creación de nuevos puestos de trabajo es consecuencia, principalmente, de la inversión y del crecimiento de la economía” pero aspiraban a realizarlas con la lluvia de dólares que no vinieron y difícilmente vengan, por lo tanto para garantizar las ganancias sin grandes inversiones se ven en la necesidad de aumentar el control de los trabajadores mediante:

Un “modelo sindical que sea transparente” con “la participación real de los representados en la vida interna de los gremios”. En realidad no quieren promover la democracia sindical sino que les incomoda que exista este sindicalismo empresario, al que no quieren de socio, como no quieren de socio a los kirchneristas, porque no quieren repartir con ellos las ganancias.

“Toda imposición o carga sobre el salario induce a la sustitución de mano de obra por capital, afectando el nivel de empleo”. Lo explicado, quieren mano de obra barata y no están dispuestos a invertir en tecnología.

“La oferta de mano de obra es relativamente insensible al nivel salarial”, están felices con que esto sea así porque la gran masa de trabajadores desocupados hace tender a la baja el salario. “Mientras que cualquier incremento de impuestos y cargas sobre el trabajo reduce la demanda de empleo”. Se sienten dueños del país y de sus habitantes, por eso no quieren pagar ningún tipo de impuestos que sirvan para el desarrollo social.

“Es indistinto que las cargas las pague el trabajador mediante deducciones de su sueldo o que las pague formalmente el empleador”. No quieren pagar los aportes jubilatorios ni las obras sociales de los trabajadores:

Que “la negociación de salarios y condiciones de trabajo tenga en consideración la productividad y los límites y posibilidades de cada empresa”, quiere decir que prefieren la súper explotación física.

“Asignar preferencia a los acuerdos laborales de nivel menor (empresa o sector geográfico) por sobre los acuerdos colectivos o paritarias en el nivel de sector de actividad”. Esto tiene el objetivo de dividir a los trabajadores para debilitarlos e imponerle más fácilmente la rebaja de los salarios y el empeoramiento de las condiciones laborales.

“Acuerdo de salarios y condiciones laborales en el nivel de empresa (…) mediante la negociación descentralizada” para desgastar la solidaridad entre los trabajadores y debilitarlos en la negociación.

“Debe eliminarse la obligatoriedad de la homologación, de los acuerdos, ante la autoridad –Ministerio de Trabajo-”, para poder incumplirlos más fácilmente.

“En el plano individual (…) la forma de incentivar y facilitar la demanda de trabajo es flexibilizar y facilitar la contratación” Es decir que el trabajador venda su fuerza de trabajo lo más bajo posible, así el empleador, el capitalista, va a pagar menos por el verdadero productor de la riqueza que el acumula.

“El período de prueba, el contrato de plazo fijo flexible y otras formas de contratación modulares son instrumentos eficaces de promoción del empleo y reducción de los costos laborales”. Aquí el redactor del diario perdió toda inhibición y dice sin rodeos que te pueden echar cuando quieran, súper explotar sin chistar y pagar el menor salario posible.

“También debe tenerse en cuenta que los nuevos procesos y el avance de las tecnologías hacen necesaria la multifuncionalidad, la polivalencia funcional y la jornada variable o flexible”. Significa que te pueden llamar a la hora que quieran, los días que a ellos les conviene, que te hagan trabajar, o que  estés sin trabajar pero sin cobrar y su disposición, un día desarmando un máquina, otro pintando, un tercero barriendo el piso o limpiando el techo, y que no tengas días de descanso.

“Debe premiarse a quien genere nuevas oportunidades de empleo, por ejemplo, con la reducción o el diferimiento de las cargas sociales cuando se crean nuevos puestos de trabajo”. Es el llamado empleo joven o te manoseo cuando quiero y como quiero y no te pago las cargas sociales  por lo que mañana no tendrás esas prestaciones.

“La indemnización por despido debería sustituirse por un sistema contributivo que ampare al trabajador frente al desempleo”. Esto quiere decir que vos mismo te tendrás que pagar la indemnización cuando te despidan.

“Los administradores de estos fondos podrían ser entes autónomos creados al efecto. Este fondo sería individual y propiedad del trabajador. En caso de no usarlo se podrá convertir en una renta vitalicia al momento de la jubilación”. Cómo llamar a esto, cuando te sacan legalmente el dinero del bolsillo, hacen negocios con tu plata y, si no te echan, a los 70 años no te lo devuelven de una sino en cómodas cuotas.

“La reforma laboral es, sin duda, uno de los puntales del cambio estructural que puede llevar a la Argentina al Primer Mundo que nunca debió abandonar”. Primer mundo para los capitalistas es: gasto suntuario de primer mundo, sin inversión de primer mundo, y un tercer mundo devaluado para los trabajadores.

Los explotadores no tienen límites. Sólo el pueblo organizado, consciente y en pié de lucha los deberá frenar y derrotar, para reemplazarlos en el mando del país.

Pero veamos cómo se preparan para aplicar todas estas bellezas y alegrías para ellos, los capitalistas, y sufrimientos y privaciones para nosotros.

Para darle leña al pueblo

Para sostener esta política los capitalistas, con su mascarón de proa Macri, necesitan  volver a la concepción del enemigo interno. Para ello están restituyendo a las Fuerzas Armadas poder y autonomía, e intentando recomponer su imagen ante el pueblo. Aspiran a conformarlas como fuerzas contra insurgentes, es decir, que sepan reprimir el conflicto interno que no es más que la rebelión de los pueblos ante la explotación, al hambre, la miseria, a que es sometido por la represión de los ricos.

Recapitulamos los pasos dados por Macri, algunos recomendados por el diario insignia del poder más concentrado y tradicional de nuestro país, La Nación. El nuevo rico Macri, cuyo padre y el mismo amasaron su fortuna de la mano de la Dictadura, que los mimó como contratistas del Estado y que, al finalizar la misma, estatizó su deuda transfiriéndosela al conjunto del pueblo.

En un Editorial del día siguiente a la elección de Macri, el lunes 23 de noviembre, el diario La Nación proclamaba que: “La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70” y pedía la libertad de los genocidas.

Macri al saludar a los oficiales por el Día del Ejército. dijo que: “Hemos comenzado una nueva etapa en la vida de nuestro país, la cual impulsa a dejar atrás enfrentamientos y divisiones”. Dos días después, el 31 de mayo, apareció en el Boletín Oficial el decreto 721 que le restituye la autonomía en la organización y dirección de cada fuerza y garantiza a los militares poder sobre ascensos, traslados y designaciones.

El jueves 9 de junio se conoció un fallo de la Sala III de la Cámara de Casación Penal encabezada por los jueces Eduardo Riggi y Liliana Catucci en el que se anuló la sentencia dictada en 2013 por el Tribunal Oral Federal de Catamarca y confirmada por la Cámara Federal de Tucumán, en la que se condenaba a prisión perpetua a los responsables de la conocida “Masacre de la Capilla del Rosario”. El 12 de agosto de 1974, 14 compañeros de nuestro PRT-ERP fueron fusilados luego de entregarse con las manos en alto y sin posibilidades de defensa en el paraje conocido como Capilla del Rosario.

La editorial del 21 de junio de 2016 pedía “que Tucumán sea sede central de la conmemoración del Bicentenario no debe impedir que en la ciudad de Buenos Aires se realice un desfile militar, como también en otras capitales de provincia”.

El 9 y 10 de julio estos pedidos del diario de los Mitre fue cumplido a cabalidad.

La lucha de clases se va recalentando. Los velos, más discursivos que económicos, de los Gobiernos K, han dado paso a una gran ofensiva del capital más concentrado para disciplinar a la clase trabajadora, barrer con las conquistas de la lucha y de las concesiones del populismo, desde mediados de la década de 1940, disolver el relativo bienestar de los sectores medios, para retrotraer las condiciones de vida y de trabajo de las bastas clases populares a la época de la década infame.

En la lucha contra esta ofensiva se presentan al menos tres posiciones en las filas populares: La del frente popular detrás de la burguesía kirchnerista; la del frente de izquierda hegemonizada por el trotskismo orgánico; y la del frente de todo el pueblo sin la injerencia de ningún sector de la clase capitalista. La primera ya ha fracasado reiteradas veces. La del frente de izquierda sólo puede conducir al aislamiento de la clase obrera y su posterior derrota como ya ocurrió a mediados de la década de 1970, pero no como un éxito de las maniobras de la clase explotadora sino como resultado del sectarismo izquierdista. Por lo tanto, los guevaristas tenemos ante nosotros el desafío y la posibilidad de movilizar bajo una concepción revolucionaria a la alianza de todo el pueblo trabajador. De la constancia y el esfuerzo de sus cuadros y militantes depende en gran medida la organización y la movilización victoriosa de todo el pueblo.

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