Los Cheguevaristas La Estrella Roja, del Cordobazo a la Revolución Sandinista. Abel Bohoslavsky

A seguir, apresentamos um primeiro repasse do Prólogo do livro Los Cheguevaristas – la Estrella Roja, del Cordobazo a la Revolución Sandinista.  Que iremos publicando em quatro partes.

O autor, militante popular de toda uma vida,  apresenta desde sua experiência uma visão muito bem fundamentada sobre o exemplo revolucionário de Che Guevara e a proposta revolucionaria do PRT/ERP, sustentada em sólida argumentação e abundante documentação.

Prólogo: historia de una estrella roja

Héctor Lobbe 

A las compañeros caídos en la lucha por el socialismo.

A quienes siguen y seguirán luchando por una Nueva Sociedad, sin enajenación y sin explotadores ni explotados.

La Habana, Cuba. Enero de 1959. Fotografías y filmaciones registran un espectáculo inédito: abriéndose paso entre una multitud jubilosa, marcha un abigarrado grupo de jóvenes combatientes.

Es la hora y los festejos del triunfo de una Revolución que ha derrocado, con la lucha guerrillera en la jungla de la sierra y en los llanos y con la insurrección y la huelga general en las ciudades y pueblos, a un dictador impuesto por los Estados Unidos de Norteamérica. Una revolución de campesinos, obreros, estudiantes, intelectuales, profesionales, artistas: una Revolución genuinamente popular.

Clara e inicialmente antiimperialista, a poco de andar se profundizará y radicalizará, definiéndose por el socialismo.

La primera Revolución- inspirada en el marxismo – triunfante en Nuestra América que habla con la voz de los más, los oprimidos y explotados, los marginados. La voz que es eco de los gritos de libertad e igualdad que resonaron en las gargantas de las masas indígenas americanas, de los esclavos africanos, de los mulatos y criollos, de los blancos y todos sus descendentes. Voz colectiva, desde el fondo  de su historia. Una historia acallada y negada, que no termina de escribirse. Y, que, abierta y en movimiento, no se resigna a concluir ni darse por finalizada. Revolución antiimperialista y socialista que abre un nuevo tiempo. Tiempo de rebelión.

Al frente de esa marea humana, la verdadera y central protagonista de la victoria, marcha un hombre, que se ha destacado en la lucha. Un médico argentino, Ernesto Guevara, bautizado afectuosamente Che por sus compañeros revolucionarios.

Un médico Argentino, entonces, pero que, si dejar de serlo, ya se estaba convirtiendo, por su participación en la revolución caribeña, también y rápidamente en cubano. Como más tarde, por su colaboración en la lucha por la lucha por la emancipación, en congoleño. Y por último, en boliviano.

En suma, traspasando fronteras y pasaportes, un hombre universal. Un hombre que piensa y construye mientras piensa, un nuevo tipo de sociabilidad, una nueva con condición verdaderamente humana, sin explotadores ni explotados: el socialismo y el Hombre Nuevo.

Ese médico, devenido en revolucionario, lleva sobre su cabeza una boina negra, de franela común. Prendida en el frente de la misma, reverbera bajo el sol del trópico, una estrella de cinco puntas, insignia de comandante guerrillero, que se ha ganado a fuerza de coraje e inteligencia, al mando de una columna insurgente. Estrella de cinco puntas, que en la concepción guevarista de humanismo revolucionario representa – cada una de ellas –  a todos y cada uno de los continentes a liberar, para fundar esa nueva humanidad de alcance planetario. Por debajo de esa estrella y de esa boina, la cabeza del Che es un volcán incandescente, pronto a entrar en erupción.

Sus ideas y su práctica tienen el filo de los machetes que abren una senda, a fuerza de voluntad y decisión, en la enmarañada selva de la sociedad capitalista, en donde impera el más bestial y deshumanizado egoísmo.

Esas ideas y esa práctica cotidiana y comprometida a transformar el mundo, que siembra con furia incansable el Che, reclaman el concurso y la presencia igualmente comprometida de otras cabezas, de otros brazos, de otras manos.

Fuerza colectiva que empuñe esas ideas y esas armas mariales de liberación, para acelerar los tiempos y terminar con la dolorosa agonía de las masas explotadas, oprimidas y ninguneadas en Nuestra América. Y esa demanda y convocatoria pronto será escuchada por centenares de miles de mujeres y hombres, a lo largo y a lo ancho del subcontinente latinoamericano.

Centenares de miles que se sienten interpelados y convencidos por ese hombre universal que no solo predica, sino que anuncia y además pone el cuerpo, él en primera fila, para construir esa nueva sociedad.

Y mucho más, cuando tras la captura en combate y posterior fusilamiento en La Higuera (Bolivia) en octubre de 1967, el Che muere físicamente para revivir en quienes combaten, inspirados por sus ideas.

La estrella de su boina se pondrá roja, por la sangre de los combatientes caídos y comenzará a remontar altura, cada vez más roja, cada vez más combativa y convencida de su lucha contra la enajenación humana y las injusticias que abofetean las mejillas de nuestros  semejantes , es decir, nuestras propias mejillas.

Elevada sobre el firmamento de Nuestra América, esa estrella roja iluminará en adelante, con su rojo resplandor, las miradas, las mentes y las manos de esos centenares miles de mujeres y hombres de todo el subcontinente, dispuestos a seguir por la senda del Che, el camino a la liberación.

Uno de esos hombres es Abel Bohoslavsy.

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